- Carlos Alberto
- 21 años; no corrí delante de los grises, no voté la Constitución del 78 y mi memoria histórica comienza con El Doblete del 96. Marxista lunes y martes; católico miércoles y jueves; liberal viernes, sábados y domingos.
sábado, 11 de febrero de 2012
El nietzscheano Garzón y la españa de fanfarria.
Antes de nada decir que tan sólo soy un estudiante de
ingeniería de telecomunicaciones. No tengo, por tanto, la suerte que muchos en Twitter. Será, quizás por despiste quizás por olvido por lo que no
marqué la casilla de obtención del título de derecho con el registro de mi
cuenta. No soy, pues, experto en leyes ni tengo un máster en derecho
constitucional; cosas, ambas, bastante
difundidas entre el público general, que compagina la lectura supersónica de
sentencias judiciales con la cátedra de dialéctica hegeliana del primer momento:
la tesis sin antítesis ni síntesis; el argumento vacío.
Y es que con el Caso Garzón se ha desatado el jacobino de
taberna que muchos llevan dentro; el de inflación, Ibex 35 y macroeconomía
entre fino y tapa. Ya sabemos, cada españolito tiene un abogado, un médico y un
seleccionador dentro.
Corría el año 2009: Zapatero había ganado las elecciones el
año anterior y la crisis era tan solo una desaceleración. Tres tipos, escopeta
en mano, boina en la cabeza y ropa de camuflaje pasan el fin de semana cazando en
la estepa jienense. Algo absolutamente normal si no se llamasen Mariano
Fernández Bermejo, Dolores Delgado y Baltasar Garzón y fuesen ministro de
justicia, fiscal de la Audiencia Nacional y el juez instructor de un caso de
corrupción que involucraba a la oposición. Es también esta época, a tres semanas de las elecciones gallegas, cuando empieza
a filtrarse el sumario a través de El País.
Los populares ven una trama orquestada desde la Audiencia
Nacional contra su partido y los socialistas se frotan las manos: ellos no
hablan de los jueces, confían en la justicia.
Ahora es el año 2012; Rajoy ha ganado las elecciones hace
unos meses y la crisis es una regresión.
Garzón es juzgado y condenado por escuchas ilegales entre abogado y
cliente.
Los socialistas creen en la existencia de una mano invisible
que intenta tapar la boca al juez, se oye la palabra conspiración. El Partido
Popular no habla, ellos confían en los jueces.
La justicia española es como los árbitros. Cuando nos
perjudican a nosotros: contubernio fascista, villarato. Cuando al que no
benefician es al otro: no hablamos de ellos, sabemos que su trabajo es difícil
y que hacen lo que pueden.
He de reconocer que Garzón no es santo de mi devoción. Lo
siento, pero no puedo defender la separación del poder judicial y el político
elevando a la categoría de héroe a un juez que militó en el PSOE de Felipe
González. Pero no por ello negaré su indudable contribución en la lucha contra
la corrupción y en favor de los derechos humanos.
E igual de kafkiano veo “el rey debe serlo porque trajo la
democracia” como “Garzón no debe ser procesado porque ha acabado con el
narcotráfico”. Los méritos políticos o judiciales no son vales canjeables. Si Garzón ha permitido escuchas ilegales
entre abogado y cliente es culpable independiente mente de su pasado; la
justicia no debe tener memoria.
Garzón pensó estar más allá del bien y del mal; consecuencia
de firmar sentencias de procesos rimbombantes entre focos y flashes. No todo
vale, aunque los fines sean loables.
Pero no hay que preocuparse, en españa hay separación de
poderes…
no perdemos un juez, ganaremos un político. ¿PSOE, IU,
partido propio…?
Etiquetas:
garzón
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